Este chopo vivió muchos años tras la alambrada. No se sintió confinado ni encarcelado. Antes de ser abatido por la edad y el viento, dejó descendencia. 

Todos los días de otoño y de invierno he pasado junto a él. Hoy, Jueves Santo de la primavera de 2021, me detengo gozoso a contemplar los robustos vástagos, que ya tienden sus pequeñas hojas al sol.

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