Puedo sentir la emoción de mi amiga Marinati, tras año y medio de confinamiento en Zaragoza. Llegar al atardecer a las estribaciones de los Pirineos,  y contemplar de repente la Peña Foratata (2,321 m.), reflejada en el embalse de Lanuza (Huesca) debió ser puro éxtasis. 

Al estar cerca del Balneario de Panticosa, a donde me ha invitado muchas veces otro buen amigo, José Javier Pedrosa, a sus talleres “El lujo de ir despacio”, veo más cerca un viaje de exploración.

Será la ocasión de reconectar con el recuerdo de mi abuelo aragonés.

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