De lejos parecía una miniescultura experimental en mitad del campo. Me acerco. Se trata de dos envases. Tardarán en descomponerse totalmente más de diez años.

Son más los que contaminan en cualquier lado, despreocupados del entorno, los demás o el futuro, que los que guardamos nuestros restos, los reciclamos y nos empeñamos en mantener la salud y la belleza de este planeta.

¡Qué lata la hojalata en praderas, playas y montañas! La sombra del alumino herrumbroso se proyectará un lustro más. Se convertirá en partículas que seguirán contaminando cultivos y aguas subterráneas. 

A pesar de los pesares, confío en las generacciones venideras. Educadas o no en medioambiente, se verán obligadas a gestionar la escasez producida por el despilfarro de las generaciones que las precedieron.

Abrir el chat

Si continúas usando este sitio, aceptas el uso de cookies. Más información

Los ajustes de cookies en esta web están configurados para «permitir las cookies» y ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues usando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en «Aceptar», estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar