Al amanecer y al atardecer el sol ofrece al ciclista el regalo agrandado de su sombra. Una ocasión para hacer un alto en el camino y detener el giro de las ruedas y de los pensamientos. Respirar y hacer click para inmortalizar el momento. Nunca logré mi propia sombra tan nítida. Agradezco a mi joven amigo Juan que él si lo haya logrado y me deje compartirla en mi blog.

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