Enormes cuchillas afiladas intentan cortar el viento. No se deja y, al escurrirse veloz entre las aspas, las hace girar como molinetes infantiles. Las altas torres eólicas son los actuales molinos de viento, contra los que luchaba Don Quijote. Como generan energía, que no depende del carbón, el petróleo ni las centrales nucleares, se les ha considerado como alternativa limpia y sostenible. Ecológica.

Sin embargo. los grandes parques eólicos necesitan a veces deforestar amplias franjas de terreno, alteran el paisaje matando el turismo de pequeños pueblos con encanto, cortan el paso de grandes bandadas de aves migratorias, suponen una enorme inversión que solamente las grandes empresas multinacionales suelen hacer a cambio de ventajosas concesiones de Estados, Comunidades y Ayuntamientos. Parte de la electricidad generada es exportada fuera de la región en la que se instalan. Los puestos de trabajo generados son muy provisionales. ¿Pan para hoy, hambre para mañana? 

La solución: pequeños parques vecinales y comunales para el autoconsumo, con menos inversión y sin que tenga que generar plusvalías. Muchas voces se alzan por esta solución. Es la lucha de David contra Goliat. Esperemos que la historia (o el mito) se repita. Todos sabemos quién ganó.

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