Si “todos los caminos conducen a Roma” (decía el refrán), cualquier camino conduce al mismo lugar. No importa de dónde parta, ni sus vueltas y recodos. Detrás de las montañas nevadas, habrá valles y otras montañas. Después el mar, donde van a parar nuestras vidas como ríos.

Traspasando las metáforas, todos mis pasos contados me llevan al Bienamado, a Él/Ella, a Eso que no tiene nombre, ni límites ni tiempo.

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