Asombrado quedo al recibir esta foto.  Gabriel Hueso González, amigo del siglo pasado, algo más joven que yo, la tiene colgada en la pared de su casa. Y me emociona.

Por mucho que lo haya intentado, sin querer y por mi vehemencia, nunca hemos peleado ni discutido. Su mérito, no el mío. Le he conocido en la riqueza y en la escasez. en la salud y en la enfermedad, de padre y de abuelo. Superviviente constante, como el centenario olivo que nos cobija, aunque sometido a vendavales, contaminación y especulación urbanística. En “El olivar”, en pleno centro del norte de Madrid.

Me confirma que le regalé el sombrero, paseando un día por la Plaza Mayor. Le sienta mejor que a mí. Nos hemos hecho favores recíprocos. Actualmente, más él a mí que yo a él. La auténtica amistad no anda con pesos y medidas, pero sí se riega. 

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