¿Quién desgrana mis días

hora tras hora, cada segundo,

cual granada en sazón?

¿Qué rojo rezuma

por tierra, labio y piel,

dejando huellas indelebles

de la cabeza a los pies?

Oigo deslizarse los instantes,

sigilosos, demorados, constantes,

y el tictac del campanario

hasta que canta el gallo en la alborada

y huyen las cigüeñas en bandada

a otras tierras, a otros soles.

Llegó el invierno cubriendo de nieve

mis cejas, barba y sienes.

No siento su frío, sino su ardor,

prendido por las hogueras

del granado en flor.

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