Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre (y de la mujer, no se me enfaden las féminas). No siempre, sin embargo, el hombre es el mejor amigo del perro. A veces lo maltrata, lo utiliza para cazar o guardar una casa solitaria, atado a una cadena día y noche. O lo neurotiza tratándole como a una persona, le regaña, le mima, le deja campar a sus anchas por la casa y ocupa sillones y camas. También son mascotas de niños, hasta que se cansan de él. O los abandonan cuando se van de vacaciones o ya no sirven para los objetivos del capricho o la explotación.

Mi amigo Rafael Ubal, se tumba a su lado, le sonríe, ve el mundo a la misma altura. Y el gato observa asombrado y sin envidia, pues vive a su aire y tiene claras sus prioridades. Jimi, el gran mastín ni se inmuta. Se refresca en el suelo de la cocina, hasta el momento de la pitanza, de recorrer su territorio  jugando con su compañera Moly, o de oír ruidos extraños ajenos a la casa y a la finca.

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