El cielo se encapota y amenaza tormenta. ¿O se despeja para bañarnos de azul y luz?¿Dónde y como posamos nuestra mirada?

Al abrir los ojos cuando nos despertarnos, nuestro campo de visión es mucho más amplio de lo que vemos. Nos enfocamos en muy pocos objetos  para empezar la jornada.

Al salir al exterior, se multiplican todos los estímulos sensoriales. Nuestra atención se focaliza en lo inmediatamente práctico. Pero hay hermosas imágenes alrededor que no vemos. Si una de ellas nos produce sorpresa e intensa emoción, el tiempo queda suspendido unos instantes. 

Es lo que ocurre exactamente cuando surge un haiku (el poema japonés de tres versos y diecisiete sílabas). Es la foto de un instante que expresa la emoción fugaz del poeta. Cualquier fotografía emocionada es  un haiku sin palabras:  puede contagiar en otro lugar y otro momento una experiencia  singular a cualquiera que se abra a la pausa y al asombro.

 

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