Todos los días visito el peral que planté hace quince años a 200 metros de mi casa. Estaba en un gran macetón en la terraza de mi madre. Necesitaba tierra y tierra le dimos.

Pedí permiso en su momento y me lo dieron, pues era terreno público. Ha resistido sequías, heladas, vendavales y nevadas. Y sobre todo los embates de la especulación urbanizadora, los cambios de planes y de responsables de Medio ambiente de mi Ayuntamiento y la brutalidad de maquinaria pesada y movimientos de tierra. 

Lo protegimos, regamos, abonamos, le hicimos alcorque. Agradecido floreció el 14 de marzo, día del cumpleaños de mi madre. Este año hubiese cumplido 107. Vivió hasta los 100 y comió alguna de sus peras.

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