Nunca he tenido un perro, pero he paseado con muchos, de familiares, amigos y vecinos. Dicen que es el mejor amigo del hombre, pero lo contrario no es siempre verdad.

Los hay que los maltratan o los explotan. También quien los neurotiza regañándoles continuamente, tirando de ellos. Los tratan  como la pareja a la que pueden mandar y someter sin que les rechiste. O lo contrario. Muchos  los miman como si fuesen niños malcriados. Van por donde quieren, tirando del dueño. En la casa ocupan los sillones y las camas.

Un vecino me comenta hoy que el perro de su hijo  se le escapa y vuelve cuando quiere. Tendría que hacer un curso él, no el perro. Cuidadosamente recoge las cacas que este hace donde quiere y protesta, con razón, de que la mitad de los paseantes por zona urbana van sin bolsa de excrementos y los dejan tranquilamente en las aceras, sin que nadie proteste.

Hace tiempo escribí un artículo: “¡Cuidado con sus dueños!”. Sigue siendo actual. Temo más a los dueños que a los perros.

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