A lo lejos parecía una bola de nieve aturdida al estallar la primavera. De cerca, la fragancia de las flores del almendro nos invitó a hacer un alto en el camino.

La bici quedó perfumada. La atravesó una lluvia de pétalos, que se mecían al capricho de la brisa vespertina. 

El tiempo se detuvo. 

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