Gracias por todos los verdes

el viento que los esparce,

la lluvia que los define y matiza

y los ojos que hoy pueden verlos.

Gracias por los mirlos que trinan,

las golondrinas que anidan,

los arroyos que mansos susurran

y los oídos que los escuchan.

Gracias por el frío que se cuela

entre las costuras de mi abrigo,

las húmedas caricias del rocío

y esta piel que las requiere y recibe.

Gracias por el jazmín que se expande,

la tierra que al amanecer rezuma

el aroma de la miel que nos atrae,

y este olfato atento y desplegado.

Gracias por el agrio y el amargo,

el dulzor del mango y el manzano,

el picor del chile, la blanca sal,

y el grácil y afinado paladar.

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