A cada cerdo le llega su San Martín.

¡Pobre y austero el santo que partió su capa

para que un mendigo no se congelara!

Así la matanza quedó consagrada,

y florecieron las “capillas” de la media capa,

desde Hungría a Buenos Aires, Tours y Aragón.

El verano de San Martín dura tres días ¡y fin!

Celebremos lo cosechado y empecemos a sembrar.

No quiero yo que muera en estos días

ni siquiera el desalmado o el corrupto explotador,

no soy yo la Vida, el Karma, el Juez ni Dios.

Tener un chancho, un gorrino o un baboy

es más que suerte, fortuna y prosperidad.

Se sacrifica lo criado con esfuerzo y sudor,

para agasajar al invitado, familia y dador.

Un día al año se rompe la hucha, la utica,

la alcancía se quiebra, ya no oculta el tesoro.

A mi cerdito de arcilla no le llegó su día,

con toda su capa San Martín le cubrió.

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