Un niño explora una vieja acacia hendida. ¿Cómo? Subiéndose a su copa. Lo repite  muchos días y no se cansa. Es lo que hacía yo cuando era niño. Hoy sigo subiéndome a los árboles, pero lo hago para liberarlos de ramas secas y podarlos. Disfruto como en mi infancia, aunque tenga un propósito. Mi urbanización se ha llenado de niños. S inventan juegos, se desafian  y pelean. Y se agolpan los recuerdos. Voy entendiendo más cosas y, si me olvido, sus voces me sumergen de nuevo en la plenitud alegre de un aquí sin fin.

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