Nudos en la garganta,

cada día,

como corbatas apretadas,

por los duelos que me llegan

como un eco atronador

que repetidamente invade

mis vigilias y mis sueños.

Cada día el mar devora

cuerpos que se hunden

y en su fondo van quedando

cementerios yermos y sin flores.

Algunos devuelven las olas

entre espumas y desechos,

ribeteando de bultos las playas,

atestadas de turistas que no ven,

porque hacia otro lado miran.

Con el tiempo se desatan mis nudos,

se desanudan todas mis corbatas,

cuando lágrimas saladas

en los ojos se me agolpan,

a oleadas.

 

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