Un minúsculo jardín Zen, del tamaño de una palma, basta para armonizar el entorno y mi mundo interno. Antes, durante y después de escribir. Buda tiene el tamaño de medio dedo pulgar. Su mano derecha toca la arena: contacto con la realidad del mundo. Su mano izquierda reposa sobre el regazo a la altura de “hara”: centro de gravedad del cuerpo y del equilibrio espiritual.  A la luz del atardecer, su rostro parece cobrar vida, salir  de su imperturbabilidad y sonreír.

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