Sobrevivió un día más
este conejo sin pensar.
Toma el sol sin esperar
a que la nieve se derrita.
Otra gélida noche no teme,
una ya pasó y ni se acuerda.
Soy yo quien en su suerte cree.
Le imito y sin más me limito
a calentarme bajo el sol
y a entrar en dichoso sosiego.

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