Muchos buscan un lugar para vivir. Este halcón abejero, con un ala rota, se refugió en un pequeño nicho seguro y hermoso. Teníamos la esperanza de que los que cuidan y curan aves rapaces pudieran salvarlo. No llegamos a tiempo y murió a las pocas horas, con la mirada fija que ya no miraba.

Tal vez pasaron por su retina todas las nubes contempladas, las altas cumbres sobrevoladas, las extensas praderas sobre las que caía en picado para alimentarse. Lo enterramos dignamente al pie de un joven roble, al que alimentará cuando se descomponga. Vida que se alimenta de muerte. Muerte que se alimenta de vida

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